Maya Struggles for Mother Earth: A guest post by Manuel May with Ka’ Kuxtal Much Meyaj

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For the Maya, the jungle is a sacred living being. The jungle shelters us, feeds us, heals us, and gives us tools and materials to build our homes and those of the animals.

For us, the jungle is shelter. It is the skin and clothing of our Mother Earth. From our worldview, the jungle is Yúum K’áax, not ‘the god of the forest’, but Lord Forest. That is to say that the jungle is alive. She is alive, we call her Yúum K’áax, and we refer to her with the utmost respect. Following this respect, we offer the Saka’ to ask for permission to make the milpa and cultivate the Maize, to hunt, to cut wood, etc. To Yúum K’áax we ask forgiveness for what we are going to obtain from her. Through the Saka’ we raise our gratitude for shelter, food and medicine. We respect her in this way because thanks to her we can maintain our life. Its plants are our medicine. Her seeds encapsulate Life. She is our livelihood.

Without the forest we do not exist.

That is why the forest has been defended and protected by our ancestors for millennia. And we struggle to strengthen this respect.

Today, however, it is more than ever under serious threat. The large global capitalist consortiums have seen the rainforest as a site for transgenic monocultures and other agro-industrial, energy, real estate and territorial neo-colonization megaprojects.

The megaproject called ‘Tren Maya’ (Mayan Train) is an example of this. It is a project of territorial reorganization that is not just about a train, but a large-scale dispossession to put it at the service of large global corporations.

Hopelchén represents a green lung for all humanity. However, it is facing an alarming deforestation for agribusiness. Terrain levels are modified with heavy machinery for monocultures, but this generates floods where there were none before and with smaller scale rains and storms.

Agrochemicals and pesticides are dispersed with small planes and are killing a large number of insects such as the sacred bees, which have accompanied our grandmothers and grandfathers since ancestral times, and diverse species of native plants that for us are medicinal plants on which our life relies. Agrochemicals are destroying life, burning the skin of the mother that nurtures us as humans and as Peoples. In addition, when agrochemicals filter into the ground water, the sacred water is poisoned. The veins of Mother Earth are poisoned and by consuming this water, our bodies and other native plants and animals are also poisoned.

We Mayas are in a struggle to remedy and tackle this damage to Mother Earth. In this struggle we have established and are establishing alliances at regional, national and international levels.

We are aware that we must act in a united, coordinated and urgent manner to stop the threat against life. Because our struggle is for life.

For this reason, we are grateful for the solidarity of our diverse allies, for this reason we are grateful for the solidarity and support of the Mennonite Coalition in the dismantling of doctrines that justify the dispossession, oppression and subjugation of Indigenous Peoples and Mother Earth.

Ka’ Kuxtal Much Meyaj A.C., Indigenous Mayan Campesino Organization

See this article for more about the “Tren Maya”:


Para los Mayas, la selva es un sagrado ser vivo. La selva nos cobija, nos alimenta, nos cura, y nos da herramientas y materiales para construir nuestras casas y las de los animales.

Para nosotros, la selva es cobijo. Es piel y vestido de nuestra Madre Tierra. Desde nuestra visión del Mundo, la selva es Yúum K’áax, no es ‘el dios del monte’, sino es Señor Monte. Es decir que la selva está viva. Ella está viva, la llamamos Yúum K’áax, y nos referimos a ella con sumo respeto. Siguiendo este respeto ofrendamos el Saka’ para pedir permiso para hacer la milpa y cultivar el Maíz, para cazar, para cortar madera, etc. A Yúum K’áax pedimos perdón por lo que vamos a obtener de ella. Mediante el Saka’ elevamos nuestro agradecimiento por el cobijo, alimentos y medicina. Nosotros la respetamos de esta forma porque gracias a ella podemos mantener nuestra vida. Sus plantas son nuestra medicina. Sus semillas encapsulan la vida. Ella es nuestro medio de vida. Sin la selva no existimos.

Es por ello que la selva ha sido defendida y protegida por nuestros ancestros por milenios. Y nosotros luchamos por fortalecer este respeto.

Sin embargo, hoy se encuentra más que nunca en grave amenaza. Los grandes consorcios capitalistas globales han visto la selva como un sitio para monocultivos transgénicos y otros megaproyectos agroindustriales, energéticos, inmobiliarios y de neocolonización territorial. El megaproyecto llamado ‘Tren Maya’ es un ejemplo de ello. Es un proyecto de Reordenamiento Territorial que no trata solo de un tren, sino de un despojo a gran escala para ponerlo al servicio de las grandes corporaciones globales.

Hopelchén representa un pulmón verde para toda la humanidad, sin embargo, se enfrenta a una alarmante deforestación para la agroindustria. Se modifican los niveles del terreno con maquinaria pesada para los monocultivos, pero ello se generan inundaciones donde antes no las había y con lluvias y tormentas de menor escala.

Los agroquímicos y pesticidas se dispersan con avionetas y están matando a un gran número de insectos como las sagradas abejas, que desde tiempos ancestrales han acompañado a nuestras abuelas y abuelos y diversas especies de plantas nativas que para nosotros son plantas medicinales de las cuales depende nuestra vida. Con los agroquímicos se destruye la vida, se quema la piel de la madre que nos sustenta como humanos y como Pueblos. Además, cuando los agroquímicos filtran al manto freático se envenena a la sagrada Agua. Se envenenan las venas de la Madre Tierra y al consumir esta agua, se envenenan también nuestros cuerpos y a las otras plantas y animales nativos.

Nosotros los Mayas estamos en pie de lucha para remediar este daño a la Madre Tierra e impedir que continúe. En esta lucha hemos establecido y establecemos alianzas a nivel regional, nacional e internacional. Somos conscientes de que debemos actuar de manera unida, coordinada y urgente para detener la amenaza contra la vida. Porque nuestra lucha es por la vida.